
Hoy es 11 de julio.
Fuera hace calor, los girasoles empiezan a florecer, los días son largos y todavía quedan muchas semanas de verano por delante.
Sin embargo, en Instagram me ha aparecido un reel con una cuenta atrás para Navidad y una chica que sigo de EEUU acaba de anunciar que hoy publicará su primer vlog otoñal en YouTube.
Esto me ha llevado a reflexionar y he querido compartirlo contigo.
¿Vivimos al ritmo de la naturaleza o al ritmo del marketing?
Mientras escribo estas líneas observo la naturaleza; no tiene prisa, está en uno de sus momentos de mayor plenitud, los árboles continúan verdes, los campos muestran su abundancia antes de la cosecha, el sol sigue brillando con fuerza…
Pero el mercado ya quiere vendernos la siguiente temporada. ¡Cada año antes!
Y para conseguirlo, crea una sensación constante de urgencia. «Si no compras ahora la nueva taza con forma de calabaza, cuando llegue el otoño ya no quedará ninguna.» «Si no aprovechas ahora esta colección tan bonita, pronto desaparecerá.»
Este tipo de marketing unido a las redes sociales favorece el FOMO (Fear Of Missing Out), ese miedo a quedarse fuera o perderse algo.
Recuerdo que el año pasado en septiembre ya había artículos de Navidad en las tiendas. Cuando llegó octubre quise comprar algunos materiales para hacer una manualidad de otoño y casi no quedaba nada. Lo que encontré fueron adornos navideños.
No hay nada malo en amar el otoño
Quiero dejar claro que esto no es una crítica a quien adora el otoño (o la Navidad). Entiendo que hay personas que llevan muy mal el calor y esperan los días frescos con ilusión. El otoño brinda esa sensación de hogar, calma y confort que muchas personas añoran durante el resto del año.
De hecho, me parece genial quien quiera disfrutar ya de su otoño particular. Yo soy partidaria de hacer siempre aquello que nos produzca felicidad, independientemente de si es lo más “común” o no.
Para mí, el problema surge cuando dejamos de disfrutar el presente porque estamos viviendo mentalmente en lo siguiente. Creo que estamos perdiendo la capacidad de esperar y saborear lo que tenemos delante.
Siento que vivimos en una carrera constante hacia el futuro. En verano pensamos en el otoño, termina Halloween y ya estamos en Navidad, llegan las vacaciones y nuestra mente está en la vuelta al trabajo… ¿Dónde queda el disfrute del momento presente?
El marketing vive en el futuro. La naturaleza vive en el presente.

Recuperar el ritmo de la naturaleza
Y otra reflexión: ¿De verdad necesito una taza nueva con forma de calabaza cada año?
Quizá no… Seguramente puedo disfrutar del otoño con todo lo que ya tengo. No necesito seguir tendencias para ser feliz.
Yo quiero vivir al ritmo de la naturaleza, no del calendario comercial ni de lo que otras personas muestran en redes sociales. Un ritmo que está en el presente, que no exige, que no piensa constantemente en lo siguiente.
Que mis decisiones sean mías y no estén influenciadas por el marketing. Que la incitación al consumismo no me devore.
Hasta que no llegue septiembre, seguiré disfrutando del verano. De sus días largos y soleados, de las deliciosas frutas frescas, de los atardeceres mágicos y de todo lo que esta estación tiene para ofrecer. Cuando sea el momento, recibiré la nueva temporada con mucha ilusión, pero no antes.

Me gusta vivir en sintonía la naturaleza y, desde que lo hago, solo me ha traído cosas buenas. Vivo con mucha más calma, bienestar y conexión conmigo misma y con mi entorno.
Si esta reflexión ha conectado contigo y te quieres aprender a vivir en sintonía con los ciclos naturales, te invito a leer mi «Guía para vivir en armonía con las estaciones». En ella comparto ideas, herramientas y propuestas para reconectar con la energía de cada estación y utilizarla a tu favor.
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Y tú, ¿qué opinas? ¿Sientes que estás viviendo al ritmo de la naturaleza o al ritmo del marketing? Me encantará leerte en los comentarios.








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